Principio Esperanza

jueves, 1 de diciembre de 2016

Fidel, por Néstor Kohan


Si Lenin y la revolución bolchevique conmovieron al siglo XX, pero sobre todo su primera parte, Fidel, el Che y la revolución cubana marcaron a fuego la segunda mitad. El planeta crujió (misiles nucleares incluidos), desde Nuestra América hasta Vietnam, desde la rebelión negra en EEUU hasta la independencia anticolonial de África y la rebelión estudiantil en Europa Occidental.

 
Un antes y un después. Fidel pasará a la historia por la puerta grande, ¿qué duda cabe? No quiero escribir de apuro y para salir del paso. Me importan un pepino los insultos de la derecha. No valen nada. Me dan lástima los avisos fúnebres progres y oportunistas que ahora lo aplauden por predicar “la paz”. Patético. Y me dan asco las notas hipócritas que lo critican cuando sus autores, pusilánimes y reformistas, no se animaron jamás ni a enfrentar a la policía ni al ejército de sus propios países.
FIDEL. Un conversador incansable. Tuve la suerte y el honor de conocerlo personalmente y conversar varias horas con él. 

No en una charla “íntima”, sino rodeado de varios compañeros y compañeras de Casa de las Américas. Un hombre muy culto, tremendamente leído. Sencillo y al mismo tiempo erudito. Respondía cada pregunta que le hacía como un sabio, desde la Reforma Universitaria argentina de 1918 hasta el pensamiento de Mella, Roa e Ingenieros, desde el asalto al cuartel militar Moncada hasta las teorías marxistas del Che Guevara, desde la segunda guerra mundial hasta Stalin. 

A propósito de Stalin, lo escuché criticarlo por su actuación militar durante la segunda guerra mundial “Si no fuera por sus errores, me dijo, la segunda guerra mundial terminaba en Lisboa, no en Berlín. El Ejército rojo hubiera tomado toda Europa”. No me dejó una sola pregunta sin contestar. 


Esa vez le regalé el libro “DE INGENIEROS AL CHE” (donde analizo la influencia de Fidel y la revolución cubana en distintas corrientes de Argentina). Entonces lo publicaron en Cuba. Dos años más tarde, le di “GRAMSCI PARA PRINCIPIANTES”. Luego escribí “FIDEL PARA PRINCIPANTES”, ilustrado por Nahuel Scherma. No es un texto “para niños o adolescentes”. 

Me llevó años de investigación estudiar, periodizar y sintetizar con lenguaje accesible la historia de Cuba, desde Martí a Fidel y el Che, pasando por Mella y Guiteras. ¡Y leerme sus larguísimos discursos!, sin olvidar las muchas polémicas internas de la revolución cubana. Tampoco es neutral, está escrito desde el guevarismo y el marxismo latinoamericano. 

Salió publicado en Argentina y Estados Unidos (en una versión más amplia donde discuto con la comunidad cubana de Miami), aunque creo que también lo piratearon en México. Tal vez en otros lugares. 

Nunca fui obsecuente. Tuvo errores y se los critiqué, por ejemplo en el trabajo “«Pensamiento Crítico» y el debate sobre las ciencias sociales en la Revolución Cubana”: http://cipec.nuevaradio.org/?p=116

Cuando se enfermó hace diez años, en 2006, escribí “Y después de Fidel: ¿qué?”: http://www.lahaine.org/mundo.php/iy_despues_de_fidel_que

No voy a redactar entonces ahora un ensayo improvisado. 

Simplemente quiero recordar tres cosas suyas, además de su sonrisa sarcástica y su mirada pícara. 
 Que fue un gran amigo de la insurgencia guevarista argentina del Partido Revolucionario de los Trabajadores - Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP) y de los Montoneros. 

Su frase, más vigente que nunca, que lo define a fondo: “Nuestro campo de batalla abarca todo el mundo”. 

El documental “Mi hermano Fidel”, que lo tuvo como protagonista, junto a un viejito cubano ciego (realizado por Santiago Álvarez, 1977, en youtube: https://www.youtube.com/watch?v=fQFnYBOyjcs).

¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!, QUERIDO FIDEL. 

Muchas gracias por todo. Siempre agradecidos.

Néstor Kohan, Buenos Aires, 26 de noviembre de 2016



Crónicas desde La Habana: adiós a casa llena



En el recorrido de la todavía joven historia de la Revolución Cubana, todos los actos masivos en la Plaza de la Revolución de La Habana habían tenido al Comandante Fidel Castro Ruz como figura central. Este martes 29 de noviembre de 2016 fue el primero sin él. El pueblo cubano que par de días atrás prefería el silencio apareció masivamente a rendirle tributo, encarnándolo a lo largo y ancho del histórico sitio. Como si esperasen que nuevamente dirigiera el acto.

La calle Hidalgo con Novena. Por ahí transita el intrincado laberinto que lleva a la Plaza de la Revolución, sus calles aledañas, casas y pequeños edificios humildes, adornados con matas de plátano, la bandera a media asta y algunas otras con la simbólica roja y negro del 26 de Julio en sus patios y alrededores. Son la bienvenida al histórico sitio. La primera imagen antes de presenciar su longitud evoca la sencillez y la modestia de quienes ahí rinden homenaje. Esta crónica se escribe desde abajo, en medio de la Plaza y con la gente.

El tumulto de la plaza comienza desde esas calles. Cayendo la tarde hay un espacio que permite cierta movilidad para avanzar por sus bordes hacia los ministerios de Interior y Comunicación, famosos por ubicar en sus fachadas las caras-símbolos de Camilo y el Che.

El centro de la plaza, al menos desde que llegamos, es una una masa sólida e impenetrable. Conforme pasaban los minutos los escasos corredores que quedan entre las personas para acercarse a la tarima se van cerrando. Cada tanto la Cruz Roja cubana abre paso con uno o dos desmayados, generalmente extranjeros: gringos, europeos o asiáticos para ser más exactos, indicativo de que los habaneros conocen el sol, el sitio, el tumulto y este tipo de concentraciones.



Al caer la noche la Plaza de la Revolución es un todo compacto, disciplinado e inamovible. Imposible avanzar a la tarima del acto central, con menos de 5 centímetros de movilidad entre persona y persona, sólo los más aptos físicamente pueden atreverse a soportar el sofoco, el calor, los olores y la escasez de oxígeno. No cabe un alma más, como durante las dos declaraciones históricas de La Habana, comentaba una señora de avanzada que rememora esa situación comparándola con la cantidad de gente.

La estética caribe describe todo a lo largo y ancho de la plaza. La multitud joven que no se vio durante los dos días anteriores hoy sí ocuparon el sitio. Hay rasgos muy característicos entre el hervidero de adolescentes cubanas presentes en el primer acto de masas sin Fidel. La sólida mayoría viste el uniforme que en cualquier otro país del mundo generaría crisis de nervios por su obvio atrevimiento. Falda short color barro ajustado a los muslos (muy comentados por su pares europeas presentes), y una blusa azul también tatuada a la figura.




Justo minutos antes de la primera amenaza de inicio del acto oficial, los grupos de gente se muestran visiblemente divididos por el dato generacional. Vieja guardia militante por un lado con banderas, pines y vestimenta alusivas al tipo y la voluptuosa masa de estudiantes que, sentados en el piso habanero haciendo forma de círculos, marcan la raya de la nueva realidad cubana y el ingreso inevitable de la isla al mundo selfie.

A centímetros miembros de las fuerzas armadas de distinto rango se entremezclan entre la multitud. Miles de enfermeras y doctores, todos con batas blancas. Y es justo ahí donde se vislumbra una diferencia no sólo y exclusivamente generacional sino de percepción del momento y de cómo encararlo, disfrutarlo y sentirlo: mientras las doñas y dones de mayor edad se encuentran tranquilos y concentrados en cada uno de los discursos, los más chamos graban con teléfonos de última generación y toman las respectivas selfies con la famosa cara.

En medio de ese clima suena en los parlantes una primera amenaza de inicio del acto, los grupos que parecen divididos automáticamente se ponen de pie. Jóvenes, viejos, estudiantes, médicos, militares, extranjeros, periodistas. Ha comenzado el acto de homenaje y despedida a Castro, líder único y fundamental de una Cuba que condensa tanto. Insistir en la capacidad de disciplina no es un capricho de quienes escriben. Impresiona ver la atención al primer discurso de la noche ofrecido por Rafael Correa, presidente de Ecuador, quien lee extractos del concepto "revolución" escrito y expuesto por el mismo Fidel el 1 de mayo del año 2000 en esa misma plaza, 40 años después de su triunfo guerrillero. La mayoría de los habaneros acompañan a Correa en la exclamación, lo saben de memoria. Es casi una oración, esto roza lo religioso.



Una mujer de mediana edad que junto a nosotros observaba con detenimiento el discurso del primer orador de la jornada, el presidente Correa lanza una comparación más actualizada ante la pregunta que le hiciéramos entre los aplausos: para ella había más gente que durante la realización del concierto por la paz hace varios años en el mismo sitio, o lo que es lo mismo, en la Plaza de la Revolución el día de ayer había sobradamente más de un millón de personas, afirmaba con seguridad.



Una señora de 1,20 metros de estatura, calculando a vuelo de pájaro, se abre paso entre la multitud a ver si entre hombro y hombro, espalda, cabeza y banderas, alcanzaba a fijar la mira de sus pequeños y antiguos binoculares directo a la tarima. Prosiguen los discursos de Jacob Zuma, presidente de Sudáfrica; Roosevelt Skerrit, primer ministro de Dominica; Salvador Sánchez Cerén, presidente de El Salvador; Alexis Tsipras, primer ministro de Grecia; y una larga lista de líderes del mundo, presidentes de países asediados, sancionados o amenazados por los también enemigos de Cuba.


Abajo, las limitaciones para escuchar los discursos son notables, sólo unos pocos parlantes amplifican la voz de los presidentes, primer ministros y representantes. No hay una gran tarima, se hace lo que se puede. Unos escuchan desde pequeños radios, otros intentan acercarse a los parlantes. Pasa el tiempo y el ambiente es el mismo. La calma de otros días es sustituida por una extraña sensación de alegría. Es como si sobre todo los más viejos se sintieran reafirmados en un compromiso de años, describen una calma bastante contradictoria para un momento que se supone de dolor y consternación. Las desgarraduras teatrales por Fidel parecen más bien venir de afuera. El drama, insistimos, no pasa por los cubanos. Puede usted creerlo o no, pero es el retrato exacto del lugar.

Sin duda la ovación más grande antes de la participación de Raúl se la ha llevado Nicolás Maduro, presidente de Venezuela y primer presidente en la era post-Chávez. No lee discurso a diferencia de sus antecesores, se guía por una hoja, pero la mayoría del tiempo habla. Toma la palabra Raúl, visiblemente tranquilo, bromea con sus compatriotas y sin mayores histrionismos despide a su hermano, compañero de armas, amigo, jefe y comandante.

Y la multitud responde.

¡Viva Fidel!




Fidel y la educación en Cuba, por Pablo Imen


El reciente fallecimiento del líder revolucionario Fidel Castro abrió las compuertas a mares de tinta para interpretar el significado de su vida y de su muerte. Las crónicas periodísticas no han estado marcadas por la neutralidad sino por la pasión o por el intento de leer, desde este presente tan oscuro, las claves interpretativas sobre su legado.

No será este, no puede ser, un texto neutral. Se construye desde la honestidad y de cierta búsqueda de rigor analítico, y se refiere a los nexos entre Fidel y la educación en Cuba.

Comencemos señalando que muchos aspectos de la Revolución que forjó el pueblo cubano con Fidel al frente, contiene diversas facetas pedagógicas. En Cuba, la educación ha sido una prioridad que se evidencia a partir de datos tan contundentes que ni siquiera sus más ácidos detractores pueden negar.

La rectora de la Universidad General Sarmiento, Gabriela Diker, aportó datos significativos en relación al modelo educativo cubano y brindó elementos históricos, contextuales y de política educativa que nos permiten dar cuenta del vínculo entre Fidel y la educación.

En 1959 sólo el 56% de las y los niños entre 6 y 14 años iba a la escuela, y entre los y las adolescentes entre 13 y 19 años apenas estaba incorporado al sistema educativo el 28%. El analfabetismo alcanzaba a un oprobioso 53% de la población concentrada en zonas rurales. Esta era la realidad educativa al momento del triunfo del Ejército Rebelde.

En 1960, en la ONU, Fidel prometió librar la batalla contra el analfabetismo convocando al pueblo alfabetizado a protagonizar una campaña inédita que logró en apenas un año cumplir esa promesa que podía parecer desmesurada pero que no lo fue. 

La efectivizaron 400.000 alfabetizadores voluntarios, la mayoría jóvenes, algunos de los cuales fueron asesinados por bandas contrarrevolucionarias.
Existen otros resonantes triunfos en materia de democratización de la educación. En Cuba, todos tienen condiciones para estudiar todos los niveles educativos, incluido el universitario. Cantidad y calidad son aspectos de un mismo proyecto político educativo: no puede entenderse uno sin el otro.


La pedagogía hegemónica reivindica operativos estandarizados de evaluación , pero nosotros nos resistimos a la vulgata de la “calidad educativa” así entendida. La educación puede obedecer a una inspiración, una dirección, un contenido y un método radicalmente diferentes. Fidel dice: ”Esta es la hora de cultivar todas las inteligencias, esta es la hora de descubrir y de encender cuanta luz sea capaz de dar la inteligencia de cada compatriota nuestro, en la ciudad o en el campo.”


Pero si de resultados se trata – a nuestro pesar-, Cuba tendrá de todos modos unos méritos que deslumbran a los tecnócratas de ayer y de hoy. En 1997 UNESCO crea un Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Educación que “mide” el “rendimiento” escolar en lengua y matemática. Allí Cuba ocupa el primer lugar que retiene en 2006. Esta vez, sobre un máximo de 400 puntos, Cuba obtiene en promedio 350; en la región el promedio es de 250.

Los reconocidos logros de la educación cubana obedecen, según Diker, a tres causas: a) los niveles de igualdad social extendidos en la Isla; b) el soporte presupuestario que llega al 14% del PBI, el más alto de la región; c) el “factor Fidel” que desarrollaremos adelante.
Diker se refiere al prolífico discurso pedagógico de Fidel, destacando especialmente su eficacia simbólica para orientar la educación que se propone profundizar el socialismo.
Si el país está empeñado en la construcción y despliegue de un orden radicalmente justo, la primera exigencia sobre el sistema educativo es formar a las jóvenes generaciones en la impronta que reclama esta Revolución. La formación de personas solidarias, completas, desenajenadas, comprometidas con un proyecto colectivo resultan mandatos ordenadores de los procesos educativos en Cuba.
Para estos fines debe organizarse el Sistema Educativo Formal, pero hay un elemento pedagógico que lo rebasa, lo atraviesa y lo condiciona: es la nueva vida insuflada por el proceso de transformación integral de la sociedad.

Este ha sido un gran mérito de Fidel: el despliegue de un proceso de democracia protagónica y participativa que se expresa en la vida cotidiana de Cuba.

La Revolución Cubana se construyó sobre la base de una cultura deliberativa, y el mismo proceso se vio “autosometido” a procesos de revisión permanente permitiendo ver a la sociedad cubana como una sociedad que aprende y enseña, que desaprende y vuelve a aprender, que crea y ensaya, se equivoca, avanza y retrocede. Tal inmenso laboratorio cultural, político y fundamentalmente pedagógico viene revelando una eficacia contundente pues la Revolución, superando los más difíciles desafíos, no ha sido derrotada jamás en sus principios y sus convicciones. En las condiciones materiales más duras, el Pueblo Cubano supo sostener su opción soberana. 

Y esto sólo puede hacerse con una profunda labor educativa y autoeducativa, tal vez el elemento más relevante de lo que pudiéramos llamar la “educación cubana” y en la que Fidel, una vez más, tuvo que ver.

Otro aporte sustantivo de Fidel ha sido la difusión del legado martiano. Lo hizo en muchos sentidos, por supuesto, en primer término, en la insurgente y digna rebeldía antiimperialista. Pero también en muchos de los postulados pedagógicos del Apóstol. 

Recordemos, por caso, que José Martí proponía la idea de “maestros ambulantes” y consideraba que la sociedad debía educarse a sí mismo, encargando a cada adulto la tarea de enseñar. ¿Qué fue, sino esa idea central, la campaña de alfabetización que en 1961 hizo de Cuba un país sin analfabetismo?

Y un tercer elemento ha sido el carácter ético político que insufló el proceso revolucionario que siempre tiene resonancias pedagógicas. Las nuevas relaciones sociales que generó la Revolución han sido tal vez el elemento más potente desde la perspectiva de la educación y la creación de una nueva sociedad. En tal sentido, la solidaridad, la igualdad, el internacionalismo, la dignidad configuran valores sustantivos del orden en permanente (re)construcción.

Por cierto, en el debe y el haber de los procesos transformadores habrá que contabilizar tensiones, contradicciones, errores, insuficiencias. Así ocurrió en Cuba, pues ¿cómo podría una obra humana carecer de límites?
Asumiendo tales obstáculos, los valores humanistas impulsados por la Revolución son una plataforma indispensable para comprender las razones por las cuales centenares de miles de maestros y maestras, médicos, médicas y el ejército se dispusieron y se disponen a prestar sus servicios en lugares alejados e inhóspitos que reclaman una solidaridad efectiva. 

El listado resulta interminable y este dispositivo constituye un hecho educativo de profesionales cubanos y cubanas, a favor de los más débiles cuyos derechos son vulnerados por un orden mundial fundado en la injusticia. En otro plano complementario, los Congresos Pedagógicos son modos valiosos de encuentro pedagógico emancipatorio. 

Estas y otras formas han expresado opciones latinoamericanistas e internacionalistas reconocidas en las más diversas latitudes.
Fidel concibe a la educación, pues, como una responsabilidad indelegable de la sociedad, del Estado y de él mismo. No cualquier educación, sino la mejor educación para todos y todas.


La continuidad del proceso cubano dependerá de la voluntad y la capacidad del pueblo cubano de defender su soberanía, su independencia, su modo de estar en el mundo. Y Fidel fue no sólo un avezado piloto de tormentas, un estadista, un político audaz sino un educador. Fidel expresa esa relación profundamente democrática del líder que habla y explica, que escucha y aprende, que imparte y conduce, pero sobre todo fundamenta, convence y se convence, asimila y acomoda la realidad y las formas de su transformación.


Sus sueños de justicia tuvieron, a la vez, un correlato innegablemente pedagógico. La Revolución Cubana fue y es, finalmente, aquello que pudo ser y puede ser en un mundo brutal y amenazante. 

Fidel y la educación han tenido un amoroso amarre emancipatorio que se expresó en trabajar incansablemente por una sociedad más justa y mejor, con los pies en la tierra y la mirada en las estrellas.


Crónicas desde La Habana: homenaje y despedida



nevitablemente la postal de hoy en La Habana rememora esa semana de mierda en la que fuimos a despedir a Hugo Chávez en la Academia Militar de Fuerte Tiuna. Los dolores de un país se leen igual. A Fidel se le rinde homenaje hoy en las modestas instalaciones del Consejo de Estado cubano, edificio que mira de frente los míticos murales de Camilo y El Che, sitios que lo vieron pasar a él infinidades de veces durante los últimos 50 años.

La kilométrica fila comenzó a crecer desde temprano en la mañana del lunes 28 de noviembre, a tres días de su viaje. El sol chirrea a todo voltaje, normal para los habaneros. Ninguna nube diseña sombra sobre el piso histórico de la Plaza de la Revolución. Entre más es su intensidad, más es la reacción inversa que se propaga: la fila crece y crece, no hay lente Canon que pueda con eso.

A lo largo de la fila resalta un elemento que resume a detalle las fibras profundas del homenaje: nadie fue a despedir a Fidel solo, la hilera está constituida por grandes grupos de trabajo, grupos familiares, grupos de amigos. Julia, trabajadora de una institución pública del gobierno cubano, nos decía temprano que en los centros de trabajo la gente se ponía de acuerdo para ir y venir, para juntarse y hacerse el quite, acompañarse y devolverse en combo.

Las vías para llegarle al sitio de culto amanecieron cerradas. Los tres puntos de concentración diseñados por el gobierno fueron rápidamente rebasados. La larga hilera transcurría entre algunos paraguas, gente sentada en la acera, conversas y llegada de más gente desenfocada por el corto horizonte de cualquier cámara. Camilo y el Che detrás, junto a las verdes palmeras de la plaza, construían una poderosa imagen de la Cuba de 2016: un vacío jodido a falta del hombre, y al mismo tiempo, el compromiso de ofrendarle una sentida y colectiva despedida.



Miles de mujeres esperan en la fila para despedirlo. No es una casualidad: las mujeres aquí y allá son vientre y soporte moral de toda revolución. Fueron a despedir a quien fue su hijo, amigo, compañero y compadre, en la misma plaza que atestiguó los grandes atrevimientos del pueblo cubano. En su gran mayoría doñas pobres, costureras, amas de casa, trabajadoras, esas mismas que han aguantado los carajazos de los dueños del planeta en la trinchera más aguda y maldita: la casa.

Unas combatieron a la par de los siempre nombrados heroicos combatientes cubanos en Angola, Etiopía, Argelia, el Congo o de la Sierra. Entregándolo todo sin pedir reconocimiento o premiación, se les ve sólidas en su conducta. Homenajean a su hijo, amigo, compañero y compadre. Los afectos expresados durante el homenaje de hoy son también demostración de compromiso pleno.

Ya en el memorial la mayoría de ellas, sobre todo las de mayor edad, rompen en llanto llevándose la mano a sus golpeados párpados, a sus ojeras ya tatuadas. Escurren lágrimas sólo equiparables a la pérdida de un hijo o hermano.

A la salida del memorial pocas se animan a dar testimonio. Bajan del edificio del Consejo de Estado, a metros de la Plaza de la Revolución con el ánimo quebrado. La escena se repite una y otra vez. A cálculo frío, las colas para despedir al histórico están conformadas en un 70% por doñas, trabajadoras y estudiantes. Una de ellas se animó a hablarnos en un primer momento, pero el cuerpo no le respondió. Su amiga que la llevaba de mano, probablemente su comadre tuvo que completarnos el relato. Las dos son apenas un síntoma de lo que hierve en la larga fila que amenaza con tocar la calle Paseo, una de las más hermosas y conservadas en toda La Habana.



Se van las mujeres, Sonia y Janet para ser más exactos, y un carajo de unos 42 años acusa mirada y lanza lo suyo: "Oye, ¿eso va a salir de aquí?", refiriéndose a las grabaciones que intentamos hacer a pesar de los gritos del personal de seguridad que cada tanto intenta sacarnos de la zona por no estar acreditados oficialmente. "Sí, claro, somos venezolanos", le respondemos a Isael, el tipo de rostro evidentemente acoñaseado por años de sol. "Yo quiero hablar ahí, ¿se puede?", insiste. "Dale, dale, habla pa ve":



Y entonces comprendes que no es exactamente un funeral lo que acontece hoy 28 de noviembre en La Habana. Es una nueva firma de otra declaración de principios a gran escala que hace en pleno 2016 un número grande de cubanos usando a Fidel como excusa, consciente o inconscientemente, da lo mismo. Isael, el tipo de la franela azul vuelta verga por el evidente sobreuso de años, acaba de donar kilos y kilos de comida en forma de homenaje al tipo que en sus propias palabras le ha dado la patria. En realidad es al revés, fue este hombre el que hizo posible la patria de la que por años se jactó Fidel.

Finalmente el aparato de seguridad logra sacarnos de la zona exclusiva para periodistas locales y extranjeros acreditados. No hay drama, bastante famoso es el fenómeno de las hazañas de la inteligencia cubana. Atrás se quedan bajo el sol miles de almas esperando entrar al desfile de más o menos cuatro segundos frente a las cenizas de Fidel, que ahora es polvo y viento.

La Habana sigue triste, pero menos silenciosa que ayer, en la fila para verlo se llora y se ríe, se espera y se avanza, pero sobre todo se resiste, como desde el 59. Ellos saben de eso, y ese espejo no los atormenta.


lunes, 28 de noviembre de 2016

Mis horas con Fidel, por Pascual Serrano




Sobre muy pocas personas podemos hacernos la pregunta de cómo hubiera sido el mundo si no hubieran existido. Una de ellas es Fidel Castro. Sin él, Cuba no hubiera vivido esa revolución que acabó con el prostíbulo sangriento en que los dictadores cubanos y el dinero estadounidense la habían convertido. Sin Fidel, el socialismo no hubiera sido una esperanza tangible en tantos hombres y mujeres de América, incluso cuando esa esperanza desapareció en Europa tras la caída de la URSS. Sin Fidel, y su inspiración a Hugo Chávez, América Latina no hubiera vivido esta última década de gobiernos progresistas que, por mucho que algunos se empeñen en criticar, han logrado recuperar la soberanía sobre los recursos naturales, aliviar la desigualdad social y garantizar el acceso a prestaciones sociales como educación o salud de los más pobres. Sin Fidel, millones de personas que sabían que otro mundo podía ser posible, porque lo veían cuando de verdad conocían Cuba, no lo hubieran imaginado.

Tuve la oportunidad de reunirme y hablar con Fidel una media docena de ocasiones, alguna durante varias horas. Ahora no faltarán buenos analistas que desarrollen y expliquen su pensamiento, su política y su revolución. Yo, por mi parte, creo que es el momento de limitarme a contar el hombre que yo vi.

Es demasiado frecuente que mucho tiempo ejerciendo el poder termine convirtiendo a las personas, en el mejor de los casos, en altivas y soberbias. También en eso Fidel era excepcional. Cuando entraba en una sala donde le esperaban los personajes más distinguidos e importantes, lo primero que hacía era saludar a los conserjes, camareros, traductores, escoltas... Algo que también practicaría Hugo Chávez. Ambos sabían que esa gente eran el pueblo, y a ellos se debían. Qué diferencia con el uso que se da ahora a la palabra populismo, como insulto, a pesar de derivar de pueblo.

La primera ocasión en que me reuní con Fidel, tras presentarnos, lo primero que le interesó fue dónde se encontraba mi hijo Camilo, de siete años, para conocerlo y de cuya presencia sabía en La Habana y en aquel acontecimiento. Desde entonces siempre preguntaba por él cada vez que nos reuníamos.

Nunca le oí molesto ni percibí formas autoritarias con nadie de alrededor. La única ocasión fue en tono de humor cuando, tras terminar una reunión, debíamos subir a un ascensor dos altos cargos ministeriales, Fidel y yo. Todos nosotros invitábamos educadamente al jefe del Estado a que entrara primero y éste, a su vez, a nosotros. El resultado es que nadie se movía. En ese momento Fidel dijo serio: "¿Ustedes no van a acatar una orden de su comandante? Suban al ascensor".

No dejaba de sorprender la humildad en una persona que llevaba tantos años en el poder y conocía el apoyo que despertaba. Quizás es por eso que sus admiradores y gobernados le llamamos por su nombre de pila y sus enemigos por el apellido. Hace varios años Fidel compartía una mesa redonda ante multitudinario público con el fallecido líder del Partido Comunista de El Salvador y en alguna ocasión candidato presidencial por el FMLN, Shafick Handal. El salvadoreño alargaba indefinidamente su intervención ante la desesperación de los asistentes. Fidel, cariñosamente, le pasó el brazo por el hombro y le dijo: "Shafick, vamos a terminar ya de contar nosotros nuestras batallas que a estos compañeros los vamos a aburrir y nos van a echar de la sala, mejor nos vamos a almorzar todos".

En otra ocasión, dos funcionarios cubanos me enseñaron unas páginas sin membrete donde se detallaban algunos hechos. Me preguntaron si creía que podía ser motivo de noticia periodística, les contesté que por supuesto, pero que se necesitaba redactar de otra forma, incorporar más antecedentes y contexto de la historia. Se trataba de la información sobre el soborno de grupos anticastristas de Florida a un presidente latinoamericano para que indultara y liberara a un terrorista de origen cubano que estaba encarcelado en su país con sentencia firme. Me pidieron que elaborara la noticia como considerara y que, por favor, la publicara en algún medio en los que yo colaboraba. El asunto era urgente, no había forma de contrastar por más fuentes la información, era cuestión de fiarse o no, de quien me la proporcionaba, y yo lo hice. Esa misma noche me encontraba con Fidel. Se dirigió a mí con estas palabras: "Lo primero que quiero que sepas que yo sé lo que más te preocupa: Lo que has escrito es verdad". Días después se confirmaban todos los hechos.

Una noche me encontraba cenando con unos amigos en La Habana, entre los presentes había un ministro. Recibió a mitad de la cena una llamada. Era Fidel que le ordenaba que saliera hacia la provincia donde Guantánamo, donde ya le estaba esperando personalmente para organizar la evacuación de la gente ante la llegada de un ciclón. Siempre estaba en primera línea de las cuestiones que preocupaban a los cubanos, por nimias que pudiesen parecer. Para ayudar y, sobre todo, para aprender. Cuando un ciclón amenazaba a Cuba, Fidel se instalaba en el estudio de la televisión cubana junto al meteorólogo del país, José Rubiera, y lo interrogaba con todo tipo de detalle sobre el fenómeno. Ese año no apareció por la televisión mientras el ciclón actuaba y, desde Florida, comenzó a circular la información de que estaba muerto o muy grave y de ahí su ausencia. No se molestó en desmentirlo. Estaba en Guántanamo.

Coincidiendo en los que años en que yo viví en La Habana, los europeos se reían de un Fidel apareciendo en la televisión cubana durante la campaña de reparto de ollas arroceras (una especie de ollas exprés) a las familias. Lo explicó acertadamente el nicaragüense Augusto Zamora recordando que en media América los pobres seguían cocinando con leña. El reparto gratuito de unas ollas de cocción rápida para todas las familias, junto con el suministro de gas subvencionado era un gran avance de desarrollo, especialmente para las mujeres que soportaban la cocina y el trabajo doméstico.

La obsesión de Fidel por saber era constante. En numerosas ocasiones uno intentaba preguntarle algo o entrevistarle y terminaba ofreciéndole información a él. Durante una Feria del Libro en La Habana, medio centenar de escritores nos reunimos con él, se suponía que para preguntarle sobre lo que nos pareciese de Cuba o de geopolítica. Mi amigo Santiago Alba, residente en Túnez, tomó la palabra para hacerle una pregunta a Fidel, entonces ya alejado del poder. Eran las fechas de las crisis en los países árabes, especialmente en Túnez, y Fidel Castro aprovechó para preguntar a Santiago sobre sus impresiones y testimonio. Al terminar, Alba me confesaba: "Caramba, yo levanté la mano para hacerle una pregunta a Fidel y terminé siendo entrevistado por él".

La desaparición física de pocas personas en el mundo habrá provocado el dolor que la muerte de Fidel ha despertado ahora en millones de personas. Quizás el tiempo demostrará que Occidente ha sido víctima de uno de los mayores engaños de la historia: el ocultamiento y la mentira sobre la trayectoria y figura de Fidel Castro. Con toda nuestra alharaca de supuestos medios de comunicación libres y libertad de expresión se nos ha ido ocultando durante décadas que en Pakistán hay niños que se llaman Fidel en agradecimiento de sus padres a la labor de los médicos cubanos tras el terremoto que sacudió en ese país, que más de un millón de personas pobres han recuperado la vista en todo el mundo gracias a un operativo médico diseñado por el presidente cubano, que el régimen de apartheid de Sudáfrica fue herido de muerte por las tropas de Fidel mientras era apoyado por lo que luego corrieron a homenajear a Nelson Mandela, o esa anécdota tan impresionante de que los mercenarios cubanos que intentaron invadir la isla por Playa Girón, una vez capturados por el ejército y las milicias del gobierno revolucionario, fueron canjeados al gobierno estadounidense sin un rasguño por... comida para los bebés cubanos. Miles de informaciones y acontecimientos sobre la grandeza de las iniciativas de Fidel Castro que nos han querido ocultar, pero que no han conseguido del todo porque somos muchos los que conocemos esas verdades y las hemos visto con nuestros ojos. Especialmente los pueblos más humildes.

Fidel admiraba la rebeldía y yo lo voy a ser hasta el punto de discrepar con una de sus frases más conocidas: “Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”. Sin duda se refería a que la necesidad de alimentar a los pueblos está por encima de las glorias personales. Eso es verdad, pero la gloria de Fidel Castro en el recuerdo y admiración de millones de personas no cabe ni en un gran de maíz, ni en toda la isla de Cuba. Por eso impregna la conciencia de tantas personas en tantos lugares del mundo.



No soy creyente, pero si San Pedro existe, en este momento Fidel le estará preguntando sobre el funcionamiento de las llaves del cielo y pidiendo explicaciones sobre el justo criterio de su uso. Y ay de San Pedro si no es así.

Fidel y la complejidad: tres anotaciones para un homenaje




fidel es un país

yo lo vi con oleajes de rostros en su rostro

la Historia arreglará sus cuentas allá ella

pero lo vi cuando subía gente por sus hubiéramos

buenas noches Historia agranda tus portones

entramos con fidel con el caballo

"Fidel". Juan Gelman

638 atentados después, luego de 14 presidentes de Estados Unidos, rumbo a 15 y frenteando a 12 en ejercicio, Fidel Castro muere, en La Habana, un 25 de noviembre en la noche. Y el mundo que atestigua el, al parecer, apasible final de sus días coincide con el ingreso en una curva aún más aguda de inestabilidad, violencia, choques de poderes y bajo el peligro de que toda y cada una de las crisis que en su conjunto hacen a la general, la del sistema como un todo, aumentando las probabilidades de un peor destino para la humanidad.

La de entrar en pronósticos políticos sobre el futuro de la isla o el trabajo de enumerar el hito histórico que a mitad del siglo XX lo terminó volteando, sorprendiendo y reinventándose ante dificultades cada vez más agresivas hasta el día de hoy, la comprobable suma de la llave, Fidel Castro más proyecto histórico más voluntad de un pueblo, década tras década, demolieron todos los "futuros" que se le fueron augurando al destino de la Revolución Cubana.

Lo dicho: la estatura histórica es incuestionable, sean simpatizantes o enemigos, pero nadie puede cuestionar el peso de Cuba desde el Moncada hasta el día de hoy. Confiando en que se encontrará material profuso y específico sobre el tamaño y justa proporción de los hechos resultantes alrededor de la vida de Fidel Castro Ruz, en esta tribuna, a modo de homenaje ineludible, modestamente se enfocará en algunas ideas, casi a contraluz, para aportar en puntos que no deben quedar de ninguna manera por fuera a la hora de conmemorar lo que ya se puede certificar como la obra del pueblo cubano, bajo la dirección de Fidel.
La imagen, la amistad y la táctica política

Tendremos problemas en desentrañar la sólida construcción del mito Fidel, de lo que fue por tanto tiempo una leyenda en ejercicio, cuyo uno de sus atributos notables es no haber pasado nunca por el martirologio de otros grandes dirigentes, sobre todo a lo largo del siglo XX. La mayoría llegando a ser amigos personales de Fidel: Salvador Allende, Amilcar Cabral, Thomas Sankara, Omar Torrijos...

El Fidel de carne y hueso logró proteger su vida y su integridad física, custodiado por uno de los aparatos de seguridad más eficientes y por la sencilla voluntad de la gente, tanto de quienes lo protegieron como de los que, en el último minuto, decidieron no avanzar en alguna de las 638 tramas para asesinarlo.

Pero, de igual forma, otro de los elementos, vistos por separado, que le otorgan el grado de excepcionalidad a Fidel, es también el haber controlado y administrado su propia imagen, incluyendo la que, fuera de su influencia directa, se generó a partir del excedente que proporcionaron sus demenciales y encarnizados detractores: pudo manejar de cara a las variaciones de las circunstancias su propia dimensión simbólica.

Y calibren esta idea un momento: cualquiera superficialmente pudiera alegar un sentido "oportunista", o "hipócrita" según el trosco-puritanismo de la izquierda triste, en el modo en el que Castro se movió en las arenas internacionales, creando alianzas y aparentes amistades, basándose, por ejemplo, en la cercanía que en algún momento fue registrada por la prensa con Carlos Andrés Pérez o Felipe González.


Cada década imprime su propio vaivén y su propia dirección

Pero en un primer nivel, ¿quiénes abjuraron de la afinidad o rompieron políticamente asumiendo la exacta misma actitud de todos los que a lo largo del tiempo, y son legión, se le voltearon en el mismo envión a las ideas que defendió Fidel Castro y al presunto dechado de declaraciones de buena voluntad en materia de justicia social que predicaban hasta ese momento?

En un segundo nivel, esa clásica observación acusa recibo de 1) el patetismo habitual de reducir al jefe de Estado al club de amigos, al Fidel estadista operando políticamente del Fidel que a sabiendas de los personajes, en términos de Estado, volvía a tender la mano, y 2) el hecho de que quien siempre mantuvo su lugar en el tiempo, política y moralmente, fue Castro y no la incesante seguidilla de oportunistas políticos, en cada una de las circunstancias históricas en las que se dieron encuentros de este tipo.

Los proyectos afines, dado el momento histórico y el contexto regional que sea, no se traducen automáticamente en proyectos comunes. Cada década imprime su propio vaivén y su propia dirección, el domesticado furor "tercermundista" que capitaneó Carlos Andrés Pérez era una necesidad de reacomodo del capital en la región, por otra parte un indicador del "tercermundismo" de la Cuba de Fidel se puede medir a partir del sacrificio voluntario de tanta gente.

Algo que resistirá mucho más el paso del tiempo que la frivolización con la que se quiere reducir un esfuerzo que apunta a los más altos niveles de calidad humana.
Fidel, Carlota, Angola y el principio del fin del apartheid en Sudáfrica

Y entonces chocamos con otro punto contradictorio entre lo individual y lo histórico, entre la obra propia y la razón monumental. Entre el Fidel cuyo pensar y actuar que se dinamiza en su región de origen ("asombro de América" lo bautizó el Indio Naborí, el decimista insignia de la isla) como síntesis de todas las causas latinoamericanas, pero cuya obra más acabada en términos monumentales la alcanzó en África, una vez más en esa llave que todavía no entra en la reflexión del estúpido hombre blanco, que se refugia en la simplificación de la idea de caudillo para divorciar lo que en la acción estuvo unido: las hazañas políticas y militares de los cubanos en el sur del continente africano, que aceleró su proceso de liberación.

Este capítulo merece más que una observación de pasada, un repaso más detallado y justo sobre el largo episodio en el que una nación de locos se lanzó a la enorme tarea de colaborar con el proceso de independencia de un territorio que probablemente multiplicaría por 20 la extensión territorial de la misma Cuba, en condiciones totalmente desiguales en términos materiales.

Ya desde sus inicios, en 1961, existe registro del apoyo cubano en el proceso de descolonización africano suministrando ayuda a Argelia, con un acento especial en el cuidado de heridos, mujeres y niños. Proceso que continuó haciéndose algo visible a partir de la noticia del Che en el Congo en 1965, pero fue en la década del 70 donde la asistencia cubana alcanzó su apogeo.

La Operación Carlota, en honor a la dirigente esclava que comandó el alzamiento negro en el ingenio Triunvirato, en Matanzas, en 1843, que tuvo como escenario central a Angola, pero cuyos efectos se extendieron en el resto de la región, resume el punto más alto de ese esfuerzo.

Angola, recién liberada de la colonia portuguesa, fue forzada al juego de intereses regionales, derivando en una guerra civil en el que los distintos apoyos lanzaban una certificación clara del momento geopolítico global y mundial: luego de un fracasado/saboteado intento de gobierno de concertación entre las tres principales facciones políticas, dos de ellas desatan una guerra abierta contra el Movimiento Popular por la Liberación de Angola (el MPLA) de Agostinho Neto, la principal fuerza política que dirigió el esfuerzo de independencia, poniendo en juego la declaración misma para el 11 de noviembre de 1975.


Fidel dirigió la totalidad de la campaña de Cuito Canavale desde La Habana

La facción del Frente Nacional de Liberación de Angola (el FNLA), apoyada por la dictadura de Mobutu en Zaire (la actual República Democrática del Congo) y mercenarios contratados por los Estados Unidos, atacaron desde la frontera norte, mientras que por el sur lo hacía la otra facción, la Unión por la Independencia Total de Angola (la Unita) y el ejército sudafricano. Una facción era apoyada por el ejército mejor dotado, y la otra por el mejor organizado del continente.

Los cooperantes cubanos ya estaban antes asesorando en materia civil y militar (la guerra de independencia de Angola comenzó cuando el MPLA se alza en armas en 1963), pero fue ese peligrosísimo giro de los acontecimientos políticos los que activaron la rocambolesca maquinaria de todo un país en movimiento que se puso pa la cosa en defensa de la causa del sur de la África negra, algo muy en segundo plano en el tablero de los grandes poderes para el momento. Épica cuya insólita primera parte la describió a detalle Gabriel García Márquez en 1977.

"La prensa cubana, por normas de seguridad, no había publicado la noticia de la participación en Angola. Pero como suele ocurrir en Cuba aun con asuntos militares tan delicados como ése, la operación era un secreto guardado celosamente entre 8 millones de personas", cuenta García Márquez.

"La agresión imperialista fue detenida en poco más de un mes. 36 mil soldados cubanos se encargaron de hacer retroceder al ejército racista sudafricano más de 1.000 kilómetros hasta su punto de partida, la frontera de Angola y Namibia, enclave colonial del gobierno del apartheid. Por el norte, en pocas semanas las tropas regulares de Mobutu y los mercenarios habían sido también expulsados del territorio angoleño", resume el periodista cubano José Daniel Fierro.

La victoria militar del MPLA permitió que Agostinho Neto declarara la independencia de Angola, la Unita se replegara y el FNLA fuera derrotado. Al final de 1977, fue acordado el retiro de la mayoría del personal militar cubano, dejando en la flamante república popular un destacamento menor, ejerciendo tareas de asesoría y formación, en áreas civiles y militares.

Pero a partir de los 80 volvió a recrudecer la violencia, y atrapado en el medio de una delicada situación militar, Cuba una vez más decide reactivar la cooperación en grandes proporciones y en 1987, 55 mil efectivos militares actúan en Angola. Nuevamente, el MPLA y el ejército cubano se enfrentaron al ejército sudafricano y a la Unita.

La victoria estratégica de Angola y Cuba la constituyó la batalla de Cuito Canavale, una operación militar a gran escala que duró seis meses, el mayor esfuerzo militar realizado por países del tercer mundo contra un ejército en teoría superior en todos los frentes desde el tecnológico al operativo, apoyado por Estados Unidos y empleando como carne de cañón a milicianos y mercenarios de Unita; fue la derrota estratégica del ejército del régimen sudafricano.

Fidel dirigió la totalidad de la campaña de Cuito Canavale, desde La Habana. Con la derrota sudafricana de Cuito Canavale, "se reafirma la soberanía de Angola", se aceleran los procesos independentistas de Namibia y Zimbabue, y deja en crisis al gobierno del apartheid sudafricano. Con Cuito Canavale, simbólicamente, Mandela puso el primer pie fuera de la cárcel.

Fidel, recuerda Fierro, afirmó alguna vez que las historias que componen a este episodio no han sido "suficientemente conocidas". "Cuenten lo que hemos hecho", dicen que dijo el Comandante Raúl Díaz Argüellez, el hombre que la dirección revolucionaria puso al frente en el primer ciclo de 1975, muriendo antes de la victoria.


Cuba con Fidel prevaleció a todos los embates

Tal vez Díaz Argüellez, o Domingo da Silva, como se le conocía allá, resuma los elementos más audaces y desinteresados de ese sacrificio que reafirma la llave que certifica que tampoco habría un Fidel sin ese pueblo, en esa dinámica recíproca y permanente.

De esa silenciosa y poco reconocida victoria, en el medio de la tormenta que quedaba luego de la caída de la Unión Soviética, a Cuba le tocó la descomunal prueba del Período Especial, cuando las tuercas del bloqueo se apretaron ahora en clave neoliberal, disparando a matar.

Otra épica cuyo relato no ha sido suficientemente sustanciado, donde la resiliencia cubana se puso a prueba, también pasando por la candela la herencia de 40 años de Revolución Cubana. Donde también prevaleció.
Fidel cerrando el noveno

El gran problema de siempre, el mismo paso habitual por el campo minado: Fidel en su dimensión humana frente a Fidel en su dimensión monumental. El Fidel persona y la persona de ese poder.

La única razón por la que desde aquí, desde Venezuela, no se puede denominar como inimaginable a la sensación abarcante que debe haberse sentido en toda la isla entre el tiempo en vilo y la certificación de la noticia de su muerte, es porque tenemos la experiencia hermana y paralela al vivirlo en carne propia con nuestro Comandante, tres años antes.

En esa medida, la aflicción que alcanza las redes, lamentablemente alejada de la sentimentalidad directa de todas las calles de la isla, la sensación abrumadora de vacío, el manojo de sentimientos (que incluyen los enfrentados) que produce este momento es un asunto exclusivo del tejido cubano.

Fuera de eso, ya desde 2007, cuando se aparta del mando directo, Fidel vino preparando su aterrizaje. Pudo administrar su último tiempo, y pudo contrapuntearlo hasta el momento de su muerte. La muerte de Fidel ha dado hasta para que los astrólogos destaquen la precisión del momento en que eso ocurrió. Fidel da pa todo.

No hubo sobresalto con la noticia de su muerte: el ingreso en su nueva etapa, la del hombre aprendido en los años que pasaba a retiro de la práctica política pero no de la intelectual, amortiguó cualquier salto al vacío. No se puede hablar de actualización o adaptación, sino el ingreso asentado a la próxima fase, al siguiente escalón en la vida, en la batalla inevitable contra el cuerpo.


Alertó sobre el "incierto destino de la especia humana"

Pasó de la Liberación Nacional y la descolonización a las propiedades de la moringa y el estudio de la oceanografía, al ámbito de las ciencias naturales. La línea reflexiva que desarrolló a partir de esa persona que asumía la última etapa de su vida permitiéndose el beneficio, tal vez obligatorio, de la calma y la contemplación, de la indagación reflexiva, por su columna, que publicó, interrumpidamente pero por más de ocho años, otro estadio intelectual preocupado por las grandes líneas y fenómenos de la trama de la naturaleza y el destino civilizatorio de la humanidad, bajo la amenaza de la hora loca global.

Se pudo dar el lujo de pensar y dictaminar sobre el destino de la especie humana sin que sonara grandilocuente, sino desde la sencillez densa que garantiza la palabra soportada por la experiencia. La experiencia histórica, la prosecución biológica y la evolución intelectual en tanto individuo de Fidel Castro.

Frente un mundo cada vez más idiotizado, el hombre que hizo que su país tuviera la tasa de escolaridad y educación superior más alta del mundo, escribía en su última columna publicada, el 13 de octubre, sobre el "incierto destino de la especie humana", alertando sobre la "enorme ignorancia [que] envuelve no solo a esta, sino también sus infinitas formas de experiencias".

Seguimos rumbo a lo desconocido, ahora sin la acostumbrada presencia de Fidel, y contra un planeta cada vez más enfrentado entre nuevas líneas, aunque campos cada vez más definidos, entre un campo absolutamente trastornado sobre su papel en la historia y otro que sabe que no quedan muchas opciones, y que la única forma, bajo el sistema que sea, debe ser apoyado en el respeto y la cooperación mutua.

Por supuesto que en este rumbo Fidel siempre va a tener algo que decir. Ahí sigue, más ahora, en el sólido territorio de la imagen histórica concreta, incuestionable su lugar en el mundo, asombrando a seguidores y mareando en su fracaso a sus enemigos, por ser ellos los ejecutores fallidos de su muerte, muriendo ellos. Políticamente. Se entiende.



Cuba y Estados Unidos, ¿y ahora qué?


DICIEMBRE 19 DE 2014
Se produce un giro drástico en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Un giro consensuado entre Raúl Castro y Barack Obama, caracterizado por ser inédito y por estar rodeado de desconcierto.

Franco Vielma





El Gobierno de Estados Unidos ha liberado a los tres antiterroristas cubanos presos en gringolandia, Gerardo Hernández, Antonio Guerrero y Ramón Labañino, a cambio de Alan Gross, quien estaba preso en Cuba. Ambos países deciden retomar relaciones diplomáticas y Obama decide pasar la papa caliente de eliminar el bloqueo y sanciones contra Cuba a manos del Congreso gringo. Y es allí donde ocurrirá el verdadero hervidero de lo que ha de venir si el criminal bloqueo contra Cuba se levanta o no.

Pero no perdamos de vista cosas importantes. A saber: ha sido Cuba la que por más de 50 años ha denunciado el bloqueo en su contra como un acto criminal y genocida. Ha sido Cuba la que paulatinamente consiguió el consenso internacional para que el día de hoy la mayoría absoluta de los países del mundo apoyen la moción en la Asamblea General de las Naciones Unidas para que EEUU levante el bloqueo. Cuba es la primera interesada en que se levante el bloqueo. Es necesidad histórica de los cubanos y reivindicación de los pueblos latinoamericanos.
Estados Unidos cambia de estrategia

Obama ahora patrocina el cese del bloqueo, un bloqueo que el mismo EEUU ya no logra contener, como bien sabían hacerlo en períodos anteriores, como bien lo hicieron a inicios de los años 90, cuando Cuba tuvo que implementar un "Período Especial", viéndose ahogada luego de la caída de la URSS. Indudablemente hay un cambio de situación entre ambos países, y las medidas solicitadas por Cuba históricamente están en vigor. Se alzan como una posibilidad real.

Obama, con pragmatismo, reconoce que la política del bloqueo "ha fracasado". Reconocen lo que siempre ha sido: un fracaso histórico.

En los últimos diez años EEUU ha sancionado y multado a 43 empresas de la Unión Europea y a 35 empresas chinas por hacer muy modestos negocios con Cuba. EEUU no puede sostener una política punitiva contra los países con los que tiene sólidos lobbys porque estos se relacionen con Cuba.

El embargo ha sido fracturado desde hace años por el relacionamiento de países latinoamericanos con Cuba, comenzando por Venezuela, sumándose China, Rusia y otros de la comunidad europea, quedando demostrada su inviabilidad. Siendo un oprobio arcaico, con más de 50 años en vigor, el embargo tiene sus días contados, y Cuba, la principal interesada en el levantamiento del embargo y en el adecuado relacionamiento con EEUU, celebra por muchas razones.

Nadie conoce mejor el desarrollo y necesidades de la política exterior cubana que la actual dirigencia cubana. Ningún sector político en América Latina conoce tan de cerca lo que significa lidiar con las grandes coyunturas del cambio histórico como los cubanos. Sobrevivieron en revolución a la Guerra Fría, a los embates de la caída del Pacto de Varsovia, al neoliberalismo a ultranza en nuestra región, a la configuración de una globalización impuesta casi como orden religioso, que dinamiza las relaciones de países y que a consecuencia del bloqueo condenó a Cuba al ostracismo durante años. Los cubanos saben lo que hacen.

EEUU hace este giro en su política hacia Cuba, con pragmatismo, estando claros también en lo que hacen. Interesados en un cambio de estrategia, en un contexto de una política de embargo ya inviable en los hechos y ya no efectiva dada la agenda integracionista de la región. EEUU da un giro y pretende levantar el bloqueo, por la misma razón de que este es un obstáculo a un cambio profundo de estrategia para seguir haciendo lo que tienen casi 60 años haciendo: deponer a la dirigencia revolucionaria en Cuba.

EEUU pretende tomar estas medidas por las mismas razones con las que se aliaron con Gorvachov durante el Glasnost y la Perestroika. EEUU quiere el libre flujo de mercancías en Cuba, el flujo de negocios, quiere gendarmes empresariales en Cuba, por la misma razón por la que se instaló el primer McDonald's en Moscú en los años 80: para destruir al modelo cubano desde adentro.


Los cubanos no le temen a la infiltración gringa, por la misma razón de que tienen 50 años derrotándola

Mientras los cubanos desean que se levante el bloqueo para acceder con facilidad a materias primas, a tecnología, para superar el veto de patentes, para relacionarse económicamente de manera efectiva con un mundo dinámico, EEUU pretende levantar el bloqueo para intentar macdonalizar la política cubana, el desarrollo de la vida nacional cubana, intervenir en la vida interna e inferir en un cambio político.
No olvidemos quiénes son los cubanos

El objetivo estratégico gringo (pese al actual cambio de estilo) sigue siendo desplazar a la dirigencia revolucionaria cubana. La agenda imperial hoy es la misma de hace 60 años. Y Cuba sigue siendo la piedra angular de una pugna histórica. Una isla en revolución socialista está a 160 kilómetros de Florida, y los gringos no lo han olvidado.

Un factor del cual debemos estar claros es que nadie está más claro en lo que acabo de explicar que los mismos cubanos. Entonces vale la pena preguntarnos, ¿por qué quieren entonces los cubanos el cese del bloqueo? La respuesta es simple: para dinamizar, reformar y revitalizar su modelo político, económico y social. Para hacerlo sostenible, para perpetuarlo, ellos ya pasaron de ese punto difuso al cual el Ché Guevara se refería como "el punto de no retorno". Los cubanos consideran que el bloqueo existe para impedir tal cosa.

El bloqueo se implementa y se prolonga por 50 años justamente para condenar a la economía cubana a la inercia de una economía monolítica, aislada e insostenible. Pese a la autodeterminación económica y desarrollo tecnológico cubano, gestado heroicamente ante un marco histórico de bloqueo, los cubanos siguen necesitando acceder a materias primas, tecnologías y relaciones, y siguen luchando por un ejercicio de una economía integrada justamente más todavía hoy, cuando las economías en nuestra región se vinculan cada vez más.

Es necesario apuntar que los cubanos no le temen a lo que ha de venir al cese del bloqueo. Su dirigencia y su pueblo han superado con una cohesión política incuestionable coyunturas históricas insoslayables. Únicas para cualquier país de nuestra región. Los cubanos no le temen a la infiltración gringa, por la misma razón de que tienen 50 años derrotándola. No le temen a la seducción del cambio de sistema, pues precisamente por su solidez política han conducido su economía durante casi 60 años entre los avatares del mundo y economías cambiantes, y su revolución sigue, digna y revitalizada.

Los cubanos difícilmente pueden renunciar a principios que son parte de la cuestión genética nacional, que se incubaron en casi 60 años de revolución. Si nuevas cosas habrán de venir con el levantamiento del bloqueo, de muchas cosas pueden prescindir. En tiempos del Período Especial en Cuba, gran parte de su población incluso no tenía con qué vestirse. Hasta ropa usada fue a dar a los puertos cubanos, y no faltaron quienes intentando burlar la dignidad cubana hicieron llegar franelas y gorras con banderas de EEUU y el Tío Sam. Los cubanos preferían no vestirse que usar encima un insulto a la dignidad nacional. Así son los cubanos.

El sistema de planificación económica cubana que ha ayudado a sostener a la isla durante décadas es el mismo que ahora. Si cesa el bloqueo, dirá qué entra y qué no a Cuba, qué negocios se hacen y cuáles no, qué lesiona la economía nacional y qué no.
El sabor amargo de la historia

Los grandes derrotados históricos son los lobbys anticastristas de Miami, los viejos grupos que más bien pedían más sanciones. La diáspora mayamera ha quedado avasallada por la historia y por la superioridad pragmática de los mismos poderes gringos que les hacen sombra. Rajiv Shah, el jefe de la USAID, el brazo de la CIA que tanto se ha ocupado de desestabilizar Cuba y Venezuela, ha renunciado, frustrado por el giro de la Casa Blanca. El senador Marco Rubio (el mismo de las sanciones contra Venezuela) ha fustigado la decisión de Obama. La decisión sobre el bloqueo contra Cuba queda en entredicho, en un Congreso controlado por los republicanos.

El lobby anticubano en Miami es el mismo que ha hecho simbiosis con la diáspora venezolana mayamera. Allí donde están esas oligarquías expatriadas, el sabor a derrota es amargo. Es el peso de una lucha de 50 años viéndose reducida a cenizas, o al menos así lo asume la gusanera fascista en Miami. Mientras las visiones distintas en la agenda imperial se contraponen en el pivote del mundo que es hoy América Latina, los procesos políticos de nuevo tipo, nuestras revoluciones, se revitalizan.

Si la muy digna dirigencia que bajó de la Sierra Maestra celebra, es porque tienen muchas razones para hacerlo. Se han reivindicado ante la historia. Veremos los tiempos del cese del bloqueo.

Decían que el bloqueo haría caer a la Revolución Cubana, y es la Revolución Cubana, más viva que nunca, la que está viendo caer al bloqueo. Para colmo de esta paradoja de la historia, es altamente probable que el mismo Fidel Castro vea caer el bloqueo. Es la historia que lo absuelve. Es la dignidad cubana que sigue superando los giros dramáticos de la historia, de nuestro tiempo y los que han de venir.


Crónicas desde La Habana: dos días sin Fidel


Esta crónica se escribe desde la capital de Cuba, centro de la atención mundial por la noticia del año 2016. Fidel se ha ido por eso que llaman causas naturales. Valdría la pena voltear la intepretación: no lo mataron, él se fue. 

Gustavo Borges Revilla / William Serafino

La última de sus victorias.

No se asombre ni se detenga a contar el número de sensaciones, enunciados y construcciones contradictorias que contiene esta nota. Es exactamente este el clima que se siente en las horas posteriores a la noticia, aquí en La Habana, lugar donde estamos desde el jueves 23 por la noche, invitados por el embajador venezolano Alí Rodríguez Araque para hablar de nuestro propio conflicto en desarrollo.

Por las obvias dimensiones de la noticia, hoy es un día donde se valen todas las demostraciones simples, los desbordes emocionales, la fraseología de autoayuda y los lugares comunes. Ya usted lo habrá visto en redes, prensa, radio y televisión. Nada raro, tratándose de la partida de un referente monumental, figura amada hasta el misterio y odiada hasta la esquizofrenia. Lo justo entonces es intentar relatar con la mayor carga de honestidad el momento, así atormente.
***

Pasada la media noche del 25 de noviembre de 2016, Raúl Castro daba la noticia por televisión sin mayores despliegues histriónicos ni introducciones: Fidel, referente moral y político de los grandes atrevimientos revolucionarios de segunda mitad del siglo XX, falleció a los 90 años de edad.

En el primer acercamiento al mass media durante la madrugada percibimos lo obvio: enemigos y admiradores, detractores y aliados, todos convergieron en un mismo punto horas después: Fidel Castro marcó la segunda mitad del siglo XX, fue un personaje trascendente para la historia de la humanidad.

El alto nivel de polarización dentro de la opinión pública mundial que ha generado el acontecimiento, poco efecto tiene en los cubanos comunes, que para sorpresa o decepción de muchos han roto las apuestas quebrando los postulados morbosos de izquierda y de derecha: no hay cubanos reventando los edificios de la revolución en una fecha ansiada y predicha por sus enemigos. Tampoco hay cubanos desmallados en llanto en la Plaza de la Revolución jurando lealtad al futuro, imagen némesis alimentada por el catecismo de los dogmáticos.

Lo que sucede ahora mismo en La Habana, su realidad sin filtros, es la manifestación de un silencio tormentoso, inimaginado y fuera del estándar. El silencio de hoy es también una forma de demostrar respeto. Se siente un país afligido, en dolor, pero sin drama. Imposible no afectarse por el hombre, amigos o enemigos, simpatizantes o críticos. Imposible también no medir las múltiples consecuencias del hecho. La aparente calma de La Habana es un lenguaje.

A 90 millas, la celebración de la gusanera en Miami, otra extensión de la vieja Habana, también relata el peso del momento: Fidel murió cuando le dio la gana, hasta ahí su dominio del tiempo y voluntad, muy a pesar de ellos.

Recorrimos Centro Habana y sus barrios periféricos, calles vacías, cielo encapotado, poco tráfico, pocas personas por los ejes más concentrados de la ciudad. La actividad comercial a media máquina y la calma de sus esquinas y paradas de transporte público cerraban el panorama de los días 1 y 2 de una Cuba sin Fidel. El cubano hace silencio y se decide tranquilo como una forma de hacer reconocimiento a una historia que pesa demasiado.

El tipo murió en su ley, leal a su conducta y a su país. Y esa es una clara decisión política e histórica que el cubano de a pie valora, y lo demuestra parando un poco el baile y la música. Hoy no hay fiesta en La Habana.


Nos dice Osmany, conductor de un desvencijado taxi Lada, que no rememoró sólo al histórico Fidel comandante guerrillero y del período especial, sino también al amigo y familiar que en las condiciones más adversas no se rajó, que no traicionó su palabra. Como casi todos los cubanos conocidos, él tiene un cuento con Fidel.

Dice que de pequeño sufrió una caída aparatosa en pleno juego de escondite, y tirado en la calle con la mandíbula sangrante, justamente pasaba la caravana presidencial y Fidel se detuvo a atenderlo y desviar la ruta para llevarlo al hospital. Fábula o no, es su cuento de presentación y la solidez de su narrativa le anota un punto.

Adianys, vendedora de verduras de Centro Habana, dice también que se queda con un Fidel compadre que en momentos jodidos siempre moralizaba, reía y buscaba soluciones propias, sin darle espacio a la victimización y al lloriqueo. Por momentos nos parece un calco de las historias típicas de cualquier venezolano narrando a Hugo Chávez.

Es una realidad que la muerte de Fidel le pesa a un país dependiente de su estatura y de su impresionante capacidad para la toma de decisiones acertadas, pero temerarias en momentos críticos. La segunda mitad del siglo XX fue testigo.

Pero también vive y se muestra la otra Habana dependiente del turismo, esa que parece ser indiferente a la partida de la segunda marca más vendida al exterior de Cuba después del Che. Los modernos buses de uso exclusivo para nalgas europeas y gringas no pararon de rodar por el mismo malecón que hace apenas cinco meses era de uso exclusivo de un Vin Diesel y su octava versión de la taquillera saga Rápido y furioso, símbolo de la ostentación. No hay luto ahí, hay compra y venta de lo que usted quiera. Ahí no está Fidel, y eso está bien.


Esa condición de la cultura de consumo que impone una economía dependiente del turismo parece penetrar en lo más profundo de las nuevas generaciones de adolescentes cubanos, donde la política no es prioridad, y donde la referencia existencial ahora es Beyoncé y sus poderosas caderas; ahora con posibilidad de venir cuando quiera a exhibirse donde quiera, Obama y la flexibilización de las restricciones le han dado ese privilegio. Ahí también una derrota.

***

Es imposible no preguntarse qué es lo que en definitiva se fue, más allá de la propensión al panfleto y a los lugares comunes. A la coehlización de un tipo histórico.

Se fue un personaje que marcó la historia política del siglo XX desafiando todos los paradigmas y dogmas que veían imposible una revolución en un país pequeño, caribeño, rural y ya colonizado por los gringos.

Se fue un tipo histórico que se hizo indestructible por una decisión política consciente y no por características sobrehumanas: fundirse con la gente y jugar a cuadro cerrado con el país sin visiones importadas o chantajes académicos. Sin subestimación ni temor.

Se fue un político que rompió con un axioma de la geopolítica: la que dice que la capacidad de influencia internacional de un país radica en sus características económicas, geográficas y geoestratégicas. Cuba, un país pequeño, diseñado como cabaret por los gringos, logró incidir en la pugna global más jodida de la historia reciente: la guerra fría.

Fidel demuestra que cuando un individuo valora y siente orgullo de su tiempo y de su país, no hay axioma o barrera que le impida romper con las amarras de su subestimación. Pero en honor al tiempo, a Chávez y a Fidel, hay que decir que ha muerto el tiempo de los individuos. Y eso también está bien.

Con Fidel se ha ido la etapa de los héroes, el tiempo y templo de los dioses, la construcciones mágicas-religiosas alrededor de una sola vida. Con Fidel y Chávez parecen haberse ido también las ideas y los ímpetus individuales, los ciclos de los hombres indispensables. La burguesía lo sabe y golpea, avanza y pisa sobre una clase que aún no decide valorarse a sí misma, que aún no sabe de su fuerza destructora y su capacidad constructora, una clase que aún sigue venerando, no pensando.

Pero la determinación de los tipos que se van son referente para la declaración de principios que aún no hemos hecho y que el futuro espera ansioso. Es una carrera contra lo inevitable, el sistema que hizo posible a estos hombres-dioses está en quiebra. Otra cosa habrá de fundarse en esto que llamamos planeta y lo hará quien llegue primero. Los ricos lo saben.

Son ellos o somos nosotros.



domingo, 27 de noviembre de 2016

ARGENTINA: En vibrante acto una multitud evocó la vida de lucha de Fidel





Apenas enterados de la dolorosa noticia de la partida de Fidel, varias organizaciones populares y este periódico decidieron rendir un póstumo homenaje a Fidel Castro Ruz en la calle y de inmediato. Para ello se autoconvocaron para la media tarde en el Obelisco porteño y apenas terminó el aguacero que cayó durante todo el día sábado, se concentraron en pleno centro porteño y corearon consignas de reivindicación de Fidel y el Che.
Así se pudieron ver banderas de la Organización Política Hombre Nuevo, de la organización juvenil La Simón Bolívar, Nuevo Encuentro, Juventud Guevarista, Los Pibes, PRML, Marcha Patriótica de Colombia, MP La Dignidad, Izquierda Revolucionaria y otras.

 

Durante el acto, varios oradores destacaron la sabiduría de Fidel pero también su garra a la hora de defender a su pueblo. Desde el rol internacionalista hasta la necesidad de defender la Revolución y terminar con el Bloqueo, Fidel siempre estuvo a la cabeza de los más difíciles combates.

Más fotos: http://www.resumenlatinoamericano.org/2016/11/27/fidel-brilla-tu-luz-para-mi/

Fidel Castro Ruz


Al ocurrir el golpe de Estado de Fulgencio Batista, el 10 de marzo de 1952, fue de los primeros en denunciar el carácter reaccionario e ilegítimo del régimen de facto y llamar a su derrocamiento



Fidel Castro Ruz nació el 13 de agosto de 1926 en Birán, antigua provincia cubana de Oriente. Su padre, Angel Castro Argíz, hijo de campesinos pobres de Galicia, era terrateniente y colono cañero. Su madre, Lina Ruz González, provenía de una familia campesina de la provincia de Pinar del Río.

Aprendió a leer y escribir en la escuela pública rural de Birán y continuó la enseñanza primaria en los colegios católicos privados de La Salle y Dolores, en la ciudad de Santiago de Cuba. Inició los estudios de Bachillerato en el propio Colegio de Dolores y los concluyó en el Colegio de Belén, de la Compañía de Jesús, en La Habana, donde se graduó como Bachiller en Letras en junio de 1945.

Los jesuitas de Belén dijeron: «Fidel Castro se distinguió siempre en todas las asignaturas relacionadas con las letras... Fue un verdadero atleta, ha sabido ganarse la admiración y el cariño de todos. Cursará la carrera de Derecho y no dudamos que llenará con páginas brillantes el libro de su vida. Fidel tiene madera y no faltará el artista».

En septiembre de 1945 matriculó en las carreras de Derecho y de Ciencias Sociales y Derecho Diplomático en la Universidad de la Habana. Allí se vinculó de inmediato a las luchas políticas en el seno del estudiantado universitario y ocupó diferentes cargos en la Federación Estudiantil Universitaria. Fue miembro destacado de diversas organizaciones estudiantiles progresistas y antimperialistas como el Comité Pro-Independencia de Puerto Rico, el Comité 30 de Septiembre —del que fue fundador— y el Comité Pro-Democracia Dominicana, en el que ocupó la presidencia.

Como parte de su actividad política en esos años, organizó y participó en innumerables actos de protesta y denuncia contra la situación política y social en el país. Más de una vez fue golpeado o encarcelado por las fuerzas represivas.

Entre julio y septiembre de 1947, cuando cursaba el tercer año de la carrera, se enroló en el contingente expedicionario organizado para luchar contra el régimen del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo. La expedición se entrenó en Cayo Confites. Fue ascendido a teniente, jefe de pelotón, y después a jefe de una compañía de batallón. La expedición, que se trasladaba en barco, fue interceptada por una fragata de la Marina cubana. Fidel saltó al agua con su arma para no dejarse capturar. Consideró una vergüenza que la expedición terminara arrestada sin luchar.

Entró en contacto con las ideas marxistas cuando era ya estudiante universitario.

Simpatizante del Partido del Pueblo Cubano (Orto­doxo), de tendencia progresista, participó de manera activa a partir de 1948 en las campañas políticas de ese Partido y, en particular, de su principal dirigente, Eduardo R. Chibás. Dentro de su organización política trabajó por cultivar entre la militancia joven las posiciones más radicales y combativas. Tras la muerte de Chibás, redobló sus esfuerzos para desenmascarar la corrupción del gobierno de Carlos Prío.

Después de su participación en la expedición contra Trujillo, viajó en 1948 a Venezuela, Panamá y Colombia como dirigente estudiantil, con el objetivo de organizar un Congreso Latinoamericano de Estudiantes, que debía efectuarse en ese último país.

Se encontraba en Bogotá cuando se produjo la rebelión popular provocada por el asesinato del líder colombiano Jorge Eliécer Gaitán, en abril de ese año. Se incorpora resueltamente a esa lucha. Sobrevivió por puro azar.

En marzo de 1949 encabezó una protesta frente a la misión diplomática de Estados Unidos en La Habana, para expresar la indignación popular ante el irrespeto al monumento del Héroe Nacional de Cuba José Martí por parte de marines norteamericanos.

Fidel se graduó como Doctor en Derecho Civil y Licenciado en Derecho Diplomático en 1950. Desde su bufete, se dedicó fundamentalmente a la defensa de personas y sectores humildes.

Al ocurrir el golpe de Estado de Fulgencio Batista, el 10 de marzo de 1952, fue de los primeros en denunciar el carácter reaccionario e ilegítimo del régimen de facto y llamar a su derrocamiento.

Organizó y entrenó a un numeroso contingente de más de mil jóvenes obreros, empleados y estudiantes, que provenían fundamentalmente de las filas ortodoxas. Con 160 de ellos, el 26 de julio de 1953 comandó el asalto al cuartel Moncada en Santiago de Cuba y al cuartel de Bayamo, en una acción concebida como detonante de la lucha armada contra el régimen de Batista.

Al fallar el factor sorpresa, no pudieron alcanzar el objetivo. Fue hecho prisionero por las fuerzas represivas de la tiranía pocos días después del revés militar y se le mantuvo incomunicado durante 76 días. Fue sometido posteriormente a juicio y condenado a 15 años de prisión. En un ambiente reservado y vigilado, asumió su autodefensa ante el Tribunal que lo juzgó, y pronunció el alegato conocido como La historia me absolverá, en el que esbozaba el programa de la futura Revolución en Cuba.

«Ningún arma, ninguna fuerza es capaz de vencer a un pueblo que se decide a luchar por sus derechos. Ejemplos históricos pasados y presentes son incontables. Está bien reciente el caso de Bolivia, donde los mineros, con cartuchos de dinamita, derrotaron y aplastaron a los regimientos del ejército regular», dijo en esa ocasión.

Desde la cárcel prosiguió su labor de denuncia del régimen opresor, al tiempo que maduró sus planes revolucionarios y profundizó la preparación teórica e ideológica de sus compañeros.

Como resultado de una fuerte presión y campañas populares, fue liberado en mayo de 1955. En las semanas subsiguientes desplegó un intenso trabajo de agitación y denuncia, y fundó el Movimiento 26 de Julio para proseguir la lucha revolucionaria.

En julio de 1955, mostrada la imposibilidad de proseguir la lucha antibatistiana por medios legales, Fidel partió hacia México para organizar desde el exilio la insurrección armada. En condiciones económicas precarias y sometido a la estrecha vigilancia y persecución de los agentes batistianos, desplegó una esforzada labor organizativa y preparatoria, al tiempo que prosiguió una intensa campaña de difusión de las ideas y propósitos del movimiento insurreccional. Viajó a los Estados Unidos, donde creó junto a sus compatriotas exiliados «clubes patrióticos» con el fin de conseguir apoyo político y económico para la lucha revolucionaria. Estuvo en Filadelfia, Nueva York, Tampa, Union City, Bridgeport y Miami.

Con la divisa: «En 1956 seremos libres o seremos mártires», Fidel, Raúl, Juan Manuel Márquez, Ernesto Che Guevara, Camilo Cienfuegos, Juan Almeida y otros destacados revolucionarios estuvieron entrenándose con largas caminatas por las calles de la ciudad de México, escalamiento de montañas, defensa personal, tácticas de guerrillas y prácticas de tiro.

El 20 de junio de 1956, el jefe del Movimiento 26 de Julio, el Che y otros combatientes fueron detenidos, las «casas campamentos» quedaron descubiertas y parte importante de las armas fueron incautadas.

Tras la salida de los establecimientos de la policía mexicana, se aceleró la conspiración revolucionaria. Compraron el yate Granma, en el que zarparon hacia Cuba en la madrugada del 25 de noviembre de 1956, desde el Río Tuxpan, con 82 combatientes a bordo, cuya edad promedio era de 27 años.

Después de 7 días de navegación, desembarcaron el 2 de diciembre en Las Coloradas, costa sur occidental de la antigua provincia de Oriente. Las fuerzas batistianas localizaron el desembarco y hostilizaron a los expedicionarios. El 5 de diciembre, el ejército de la tiranía sorprendió en Alegría de Pío a Fidel y sus combatientes. Los revolucionarios fueron diezmados, varios caen detenidos durante la persecución y muchos son asesinados en el acto.

Con la valiosa colaboración de los campesinos, Fidel se encuentra con Raúl en Cinco Palmas y reagrupa a la fuerza revolucionaria. Parte entonces a la Sierra Maestra para continuar desde allí la lucha revolucionaria.

El 17 de enero de 1957, dirigió la primera acción armada contra el ejército de Batista en el cuartel de La Plata y obtuvo su primera victoria. El Ejército Rebelde comenzó a crecer y fortalecerse.

En su condición de Comandante en Jefe, dirigió la acción militar y la lucha revolucionaria de las fuerzas rebeldes y del Movimiento 26 de Julio durante los 25 meses de guerra. Tuvo bajo su mando directo a la Columna Uno «José Martí» y participó personalmente en casi todas las operaciones, combates y batallas más importantes que tuvieron lugar durante la guerra en el territorio del Primer Frente Rebelde.

Tras contundente derrota de las tropas élites de la tiranía, estas a través de sus principales jefes decidieron reconocer la victoria rebelde en el propio teatro de operaciones de la provincia de Oriente el 28 de diciembre de 1958. Al amanecer del 1ro de enero de 1959, Fidel enfrentó, con una huelga general revolucionaria, acatada por todos los trabajadores, el golpe de Estado en la capital de la República, promovido por el gobierno de EE.UU. Entró victorioso ese mismo día en Santiago de Cuba y arribó a La Habana el 8 de enero.

Al concluir la lucha insurreccional, mantuvo sus funciones como Comandante en Jefe. El 13 de febrero de 1959 fue nombrado Primer Ministro del Gobierno Re­vo­lucionario.

Dirigió y participó en todas las acciones emprendidas en defensa del país y de la Revolución en los casos de agresiones militares procedentes del exterior o actividades de bandas contrarrevolucionarias dentro del país, en especial la derrota de la invasión organizada por la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos, llevada a cabo por Playa Girón en abril de 1961.

Condujo al pueblo cubano en los días de la dramática Crisis de Octubre de 1962.

En nombre del poder revolucionario, proclamó el 16 de abril de 1961 el carácter socialista de la Revolución Cubana.

Ocupó el cargo de Secretario General de las Or­ganizaciones Revolucionarias Integradas, y más adelante el de Secretario General del Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba. A partir de la constitución del Comité Central del Partido Comunista de Cuba en octubre de 1965, fue electo Primer Secretario y ratificado en cinco Congresos del Partido.

Fue electo Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular, en representación del municipio Santiago de Cuba, en sus sucesivas legislaturas desde la creación de aquella en 1976, y desde entonces y hasta el 2006 ocupó los cargos de Presidente del Consejo de Estado y Presidente del Consejo de Ministros.

Presidió misiones oficiales cubanas que visitaron más de 50 países.

Recibió más de un centenar de altas condecoraciones extranjeras y cubanas, así como numerosas distinciones académicas honorarias de centros de enseñanza superior en Cuba, América Latina y Europa.

Dirigió estratégicamente la participación de cientos de miles de combatientes cubanos en misiones internacionalistas en Argelia, Siria, Angola, Etiopía y otros países. Impulsó y organizó el aporte de decenas de miles de médicos, maestros y técnicos cubanos que han prestado servicios en más de 40 países del Tercer Mundo, así como la realización de estudios en Cuba por parte de decenas de miles de estudiantes de esos países. También puso en marcha los programas integrales de asistencia y colaboración cubana en materia de salud en numerosos países de África, América Latina y el Caribe, y la creación en Cuba de escuelas internacionales de Ciencias Mé­dicas, Deporte, y Educación Física y otras disciplinas para estudiantes del Tercer Mundo.

Promovió a escala mundial la batalla del Tercer Mun­do contra el orden económico internacional vigente, en particular contra la deuda externa, el despilfarro de recursos como consecuencia de los gastos militares y la globalización neoliberal, así como los esfuerzos por la unidad y la integración de América Latina y el Caribe.

Encabezó la acción decidida del pueblo cubano para enfrentar los efectos del bloqueo económico impuesto a Cuba por los Estados Unidos desde su implantación y las consecuencias en el plano económico del derrumbe de la comunidad socialista europea, y condujo el esfuerzo tenaz de los cubanos para superar las graves dificultades resultantes de estos factores, su resistencia durante el llamado Periodo Especial y el reinicio del crecimiento y de­sarrollo económico del país.

A lo largo de los años de la Revolución impulsó y dirigió la lucha del pueblo cubano por la consolidación del proceso revolucionario, su avance hacia el socialismo, la unidad de las fuerzas revolucionarias y de todo el pueblo, las transformaciones económicas y sociales del país, el desarrollo de la educación, la salud, el deporte, la cultura y la ciencia, la defensa, el enfrentamiento de las agresiones externas, la conducción de una activa política exterior de principios, las acciones de solidaridad con los pueblos que luchan por la independencia y el progreso y la profundización de la conciencia revolucionaria, internacionalista y comunista del pueblo.

Por problemas de salud en 2006 se vio obligado a renunciar a sus cargos de Pre­si­dente de los Consejos de Estado y de Ministros, y en el VI Congreso del Partido en 2011 dejó de ser su Primer Secretario. Man­tuvo su condición de diputado a la Asam­blea Nacional del Poder Popular hasta su fallecimiento.

En todos estos últimos años realizó una fecunda labor redactando en forma de Reflexiones cientos de artículos y también con perseverancia realizó múltiples experimentos dedicados al favorecimiento de la alimentación humana y animal. Por su autoridad moral hasta el último aliento de su vida se mantuvo contribuyendo con sus opiniones a las importantes batallas que ha librado la Revolución.

La vida de Fidel no puede reducirse a unas pocas lí­neas. Su vínculo permanente e indisoluble con el pueblo, su brillante oratoria, su magisterio constante, en fin su entrega sin límites a la causa de la Revolución han dejado una huella imborrable en el pueblo cubano y han servido de inspiración para millones de hombres y mujeres de todos los continentes. Las futuras generaciones de cubanos tendrán en él, como en Martí, un paradigma y una motivación profunda para dar continuidad a su obra.




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